LA PASIÓN QUE HABÍA PERDIDO

#GabResendiz

Por GabyResendiz en 14 de Enero de 2017 a las 18:54


Desde que era pequeña me encantaba escribir, soñaba con tener una computadora en casa para pasar mis escritos. Recuerdo que al elegir mi carrera todos, en especial mis padres, esperaban que estudiara otra cosa, alguna ingeniería, medicina, leyes,  pero yo sabía que mi destino estaba marcado por la escritura, las imágenes y los lugares desconocidos.



Decidí estudiar Ciencias de la Comunicación, me mudé a otra ciudad y comencé mi aventura hacia la independencia, pero perdí el rumbo. Cuando me gradué comencé a jugar el papel que el mundo empresarial quiere y la presión social de tener el mejor empleo me desviaron de mi pasíón. ¡Y me perdí!





Después de varios años de jugarle al Godinez pasó algo trascendental en mi vida, uno de mis mejores amigos falleció y justo en ese momento, sentada frente a su ataúd, me di cuenta que no estaba haciendo lo que me encantaba, siempre lo veía como un plan a futuro, siempre pensaba: “Cuando haya ahorrado lo suficiente, voy a comenzar a viajar”, “Voy a comprar una casa, la voy a rentar y con ese dinero me iré a vivir a muchos lados”, “Solamente voy a trabajar este año y voy a renunciar”, “Cuando tenga tiempo, voy a iniciar mi blog”. En realidad era miedo, miedo escondido en un millón de excusas y planes que me ayudaban a justificar mi zona de confort.



Ese día, entre el dolor y la impotencia por la pérdida de mi amigo, de no haber cumplido nuestro sueño de viajar juntos a Canadá, sentí cómo cayó sobre mí un rayo desapendejadizador  que me llevó a prometerme a mi misma que en unos meses viajaría cuantas veces fuera posible, sin importar el lugar, solo lo haría, y antes de terminar el año saldría del país.





No voy a negar que transcurridos los meses me llegué a olvidar del viaje a otro país, pero eso sí, jamás me olvidé de viajar. Comencé mi aventura en las playas de la costa michoacana, después la Riviera Nayarit, luego Mazatlán, Guadalajara, Querétaro, CDMX, San Miguel de Allende, Guanajuato y mil bellezas más que hay en México.





Mi pasión por recorrer esos lugares se acrecentaban cada día más, no podía dejar de ir a otra ciudad, de recorrer playas nuevas, era como si después de ciertas semanas comenzara a sentir desesperación y claustrofobia por vivir encerrada en la misma ciudad.





Entonces decidí comenzar a tomar cursos de Thetahealing, sanaciones espirituales, para poder enfrentar esos miedos que me generaba soltar todo lo que creía que me pertenecía. En ese lugar me enseñaron a manifestar todos mis anhelos, sueños, pasiones sin cuestionarme cómo lo lograría, ahora entiendo que eso se da solo, que cuando uno sabe lo que quiere todo se acomoda de la mejor manera para que suceda.





Tal es el caso que al día siguiente al llegar a mi trabajo me encuentro con la noticia de que tenía que dejarlo. Comencé a tomar todo más en serio, porque en mi manifestación nunca pedí conservar mi trabajo, supe que para hacer lo que realmente me apasionaba el primer paso era dejar atrás mi empleo.





Entendí que era momento de hacer algo, de moverme aunque no tuviera ni idea de hacia dónde. Así que llegué a mi casa, hice mi maleta y me fui a Europa.





Estaba cumpliendo mi promesa y además, estaba reencontrándome con mi pasión por ir a lugares desconocidos. Estando en esas hermosas ciudades de Europa, en el tren de Ámsterdam a Múnich, sentí ganas de escribir y de contarles a todos sobre lo maravilloso que es viajar, conocer otras culturas, hablar con personas que piensan distinto a ti, entablar una plática en otro idioma y ayudarte de señas para poder expresarle lo que piensas, de dónde vienes, qué haces y hacia dónde quieres ir.





Estando del otro lado del mundo, sin lujos ni comodidades, solo con una mochila en la espalda y mi celular como caja de recuerdos pude sentir que no me hacía falta nada más, que venir a este mundo significa recorrerlo, sorprenderte de sus maravillas, aventurarte a lo desconocido y disfrutar del camino.





Estoy consciente que el camino no será fácil, pero casi nunca lo es. Decidir recorrer el mundo es una pasión arriesgada que vale la pena vivir. Estoy convencida que la mejor forma de empezar este sueño es haciendo algo por los demás y que más allá de una remuneración económica, puedas recibir alimento o un lugar donde pasar la noche, que te den la bienvenida a su vida y la compartan contigo su tiempo, que te hagas parte de esa cultura, de esas familias, y tengas cosas maravillosas que contar, para mi esa es la mejor manera de conocer la razón por la que estoy en este mundo.





Hoy, más que nunca, estoy segura que sólo encuentras una vida en plenitud cuando comienzas a hacer tus sueños realidad y a disfrutar de cada momento que se te presenta en la vida, sin dejarse llevar por lo que los demás esperen de ti, si no por lo que tú esperas de ti misma.





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